LIBRO II.
Escrito por: Irma Gpe. Vela Meza.
Julio 2004
CAPÍTULO XXI
AÑO NUEVO, CASA NUEVA.
El segundo día del año, Francisco se trasladó con la
familia rumbo a la periferia de la ciudad para mostrarles su nuevo hogar.
A lo largo de un camino de tierra aplanada, se alzaban
altas tapias de piedra cubiertas por enredaderas, dejando ver a través de los
breves enrejados de hierro las bellas mansiones de las fincas que se ubicaban a
uno y otro lado de la ancha calzada. De repente, los carruajes se detuvieron
frente a la entrada de una de las imponentes casonas, la reja de hierro se
abrió permitiéndoles el paso. Un hermoso jardín de variada vegetación provisto
de fuentes, andadores y caminos para coches, se extendía frente a la mansión.
La calzada principal terminaba al pie de la fachada frontal de la casa.
Francisco fue el primero en bajar del carruaje y
mientras ayudaba a Celia a bajar, le dijo:
-Este será nuestro hogar, vengan,
vamos a recorrerlo.
El mayordomo, la ama de llaves, tres sirvientas, una
cocinera y dos mozos, les aguardaban pacientemente. Después de las
presentaciones, retornaron a cumplir con sus labores.
Los chicos, doña Eva y Celia, estaban sin habla. Por
fín Ernestico articuló palabra:
-Papá, es enorme, debe tener muchas
habitaciones.
-¿En verdad es nuestra?. Preguntó Lita aún incrédula.
-Claro que si hijita -respondió su
padre- entren, corran por toda la casa, llénenla con sus risas.
Los chicos y Domitila [que ya estaba integrada
completamente a la familia] no esperaron una segunda invitación, apartándose de
sus padres y abuelos corrieron hacia el interior de la casa.
-Dios mío, -murmuró Celia- Francisco...
¿Qué has hecho?.
-Darle a mi mamirriqui lo que se
merece, un palacio.
Celia no podía admirar en todo su esplendor la fachada
principal de la casona, no obstante, percibía la magnitud de las cuatro plantas
de construcción, dispuestas a lo largo de cien metros. Efectivamente, cincomil
metros cuadrados de terreno ocupaba la casa principal.
-Esta casa me gustó porque tiene dos
jardines, uno frontal y otro posterior.
Además, cuenta con dos estancias independientes cercanas al río, ahí, podrán
vivir tus padres y Marcos; don Hernando aprobó la compra. En los jardines hay
naranjos, robles, cedros, azucenas, jazmines, verás, estoy seguro que entre tú
y Marcos lo embellecerán aún más.
La dama seguía emocionada, el corazón le latía más
rápido de lo normal. Francisco la abrazó tiernamente y siguió hablando mientras
le besaba la mano:
-En la fachada, hay cuatro estatuas
de cantera rosa, representan figuras de mujeres bailando, en los frontones de
remate de la planta superior, hay otras cuatro estatuas iguales, pero de
figuras masculinas; todas miden aproximadamente un metro de alto.
El caballero le decía esto mientras subían por una
escalera de mármol de doble rampa y forma ondulante, que enmarcaba una fuente
con escena en relieve de bailarines. Dos gárgolas proveían la fuente de agua.
-Esta escalera nos conducirá al
pórtico, el techo de éste corredor externo se conforma por la parte inferior de
la terraza de la planta alta, está estucado por bajorrelieves de formas
florales. Los techos de las guardillas, son tipo mansardas, rematados con
pináculos de madera que a su vez, rematan sobre paneles de madera, recubiertos
con teja francesa. Tiene cuatro niveles, la planta baja se extiende sobre un
especie de sótano, la alta sobre esta y en la azotea hacia la parte posterior
de la casa, se encuentran séis cuartos de servicio y hacia la parte frontal,
sobre lo que será nuestra recámara, hay un ático.
Toda la balaustrada del corredor externo, es de
cantera rosa y su piso es de mármol, así son también las terrazas de la planta
alta. ¿Te gusta?.
Celia asintió con un leve movimiento de cabeza, él le
dio un beso en la mejilla y siguió describiéndole la casa.
-Ven querida, entremos. Mira, la
puerta principal es de doble hoja, está fabricada de cedro rojo, tiene tallas
ornamentales con motivos florales, tócala, palpa las molduras.
-Francisco, no es necesario, hay
buena luz, las puedo ver bien a esta distancia. Celia se detuvo a unos
cincuenta centímetros de la puerta doble [de tres metros de alto] para admirar
las exquisitas tallas que la adornaban. Francisco le tomó la mano y la condujo
al vestíbulo.
-Este es el vestíbulo principal, es
iluminado por un tragaluz, en la planta alta está rodeado por un corredor que
tiene un pasamano de madera con base de bronce dorado al natural. Consta de
cuatro entradas que conducen a los amplios salones que a su vez, se comunican
con el corredor externo. Todos los salones de la planta baja, tienen piso de
mármol, delimitado por una cenefa, los muros están enyesados en tonalidades de
color pastel, para que la casa tenga más luz y tú veas mejor.
-Gracias querido, siempre piensas en
mi comodidad.
-Por supuesto que sí, tú eres mi
reina, tu bienestar es el mío. ¿Quieres que te describa los techos de la planta
baja?.
-Si Francisco, por favor hazlo.
-Los techos fueron decorados con
molduras de estuco que reproducen cuadrados, rectángulos, flores y volutas; los
arcos y dinteles, están sostenidos por bustos de ángeles. La sala principal, el
comedor, nuestra recámara, también tienen estas figuras. Tú no lo puedes
apreciar en todo su esplendor, pero todos los motivos alegóricos, han sido
finamente trabajados, son de gran delicadeza. Además, el trabajo de ebanistería
de puertas y ventanas es perfecto.
La dama sintió una extraña sensación, los amplios
espacios de la planta baja la desubicaban, se sentía como un náufrago en la
inmensidad del mar. Absorto en la tarea de mostrarle el nuevo hogar, Francisco
la guió hacia el fondo del vestíbulo, en donde se extendía la escalera interior
que también era de mármol y tenía una triple rampa. Ahí le siguió diciendo:
-Vamos a la planta alta, esta es la
escalera principal, como te dije su pasamanos es de madera tallada sobrepuesto
en una armazón de bronce, rematado en el primer peldaño con unas bases que
sostienen a la derecha la escultura de
una gitana bailando y tocando un pandero y, a la izquierda la de un gitano,
tocando el violín. Esta escalera es de triple rampa, posee un descanso
intermedio en donde se bifurca a derecha e izquierda. ¿Logras ver que está
iluminada por un vitral?.
Se detuvieron en el descanso y Celia admiró el vitral
al que hacía alusión su esposo.
-El vano donde fue colocado, está
rematado por un arco de medio punto. Predominan las tonalidades ámbar,
representa una pareja besándose. ¡Jajajajajajajajajaja!... ¡Somos tú y yo!.
-Francisco, verdaderamente la compra
de esta casa te ha hecho feliz; a mí, me parece demasiado grande y ostentosa,
me da miedo.
-¡Mujer!... ¡No seas guanaja!...
¡Querida, aprende a disfrutar del esfuerzo de nuestro trabajo!. Los dos hemos
sacrificado muchos gustos, cada uno en lo suyo ha trabajado bastante, es tiempo
de que nos regalemos ciertas comodidades. No menosprecies mi afán por querer
que tú y mis hijos disfruten de todas estas comodidades.
Celia bajó la cabeza para que Francisco no viera que
fruncía el ceño y se mantuvo en silencio; mientras él siguió hablando:
-Ven acá, te mostraré nuestra
recámara.
La planta alta, delimitada por el pasamanos, tenía
piso de parquet y poseía un corredor en torno al vestíbulo; en el cual se distribuían
las puertas de las quince recámaras y los cinco baños. La habitación más
grande, la de éllos, se ubicaba sobre la
fachada principal de la mansión. Desde la terraza se dominaba la vista del
jardín frontal y la carretera que conducía hacia la casona. Celia y Francisco,
se detuvieron en una antesala que aún carecía de mobiliario. La atravesaron sin
detenerse, él abrió una puerta y dijo:
-Esta es nuestra alcoba, déjame
correr las cortinas para que admires el mobiliario. Estoy seguro de que te
dejará satisfecha.
Dejó penetrar la luz natural, tímidamente la dama
empezó a recorrer el cuarto.
-¿Son mis muebles?... ¡Son los
muebles de mi recámara de soltera!... ¿Tú los has traído?.
-Me gustaría decirte que sí, pero no
he sido yo. Tus padres los introdujeron en el barco ayudados por Marcos. Luego,
un carpintero del “San Fernando” los ajustó y dirigidos por un ebanista, Marcos
y algunos marinos, los han dejado como nuevos. ¿Te gusta nuestra alcoba?.
-¡Sí amor!... ¡Este detalle me hace
feliz!... Aunque la idea no haya sido tuya, gracias a tí están ahora aquí.
-Ven acá, te voy a mostrar el
vestidor y el cuarto de baño. En el sótano hay una caldera que provee de agua
caliente a toda la propiedad. ¡Mira la tina!... ¡Es enorme!... ¡Nos podemos
meter juntos en ella!. ¡Ven recórrela, toca el borde, está llena!.
-Pareces un niño, te emociona una
tina. Le dijo su esposa sonriendo por
primera vez desde que entraron en la casa.
-La tina no, lo que haremos en ella
sí. La abrazó y le dió un ardiente beso en la boca. Ella se sonrojó y
apartándose de él le dijo:
-Ya veremos, quizás esta noche, me
ponga el camisón rojo. Ambos rieron como chicos malos y salieron del cuarto de
baño, dejando atrás la tina de mármol blanco, los muros cubiertos de azulejos
de Talavera hasta una altura de un metro, el lavabo oval del mismo material de
la tina y los demás muebles y accesorios que complementaban esta estancia.
-Querido, llévame a ver las
habitaciones de nuestros hijos, las de Domitila, las estancias de mis padres y
de Marcos, la cocina, sigamos recorriendo nuestro hogar, me empieza a gustar.
Después de subir a la azotea mediante una escalera
externa ubicada en la parte posterior de la casona, de inspeccionar los cuartos
de servicio, de recorrer el ático; bajaron al semisótano y lo escudriñaron
detenidamente. Hecho esto, emprendieron la caminata por el jardín posterior
hacia las estancias de los padres de Celia y del gigante.
La propiedad estaba limitada al oeste por el río, las
estancias que habitarían sus padres y el gigante poseían un embarcadero ubicado
a cien metros de la casa. Aunque eran más pequeñas que la mansión principal, no
carecían de comodidades y lujos. Doña Eva estaba conforme con la decisión de su
esposo, el lugar era tranquilo, rodeado de vegetación, el río le permitiría a
don Hernando practicar su pasatiempo más grato, la pesca. Las dimensiones de la
casa de sus padres, le recordaron a Celia su “casita del amor” de la Habana.
Suspiró nostálgica y abrazando a su madre dijo:
-Aquí también seremos felices, la
familia está unida, vivimos en paz, con armonía, tenemos todo para ser
dichosos.
-Así es mi nenita, poseemos todo
para ser felices, si no lo somos es por guanajos. Cuando termine de sacar de
los baúles nuestras pertenencias, iré a tu casa para ayudarte a desempacar.
-Te lo agradezco madre, tu ayuda es
bienvenida, junto con Domitila, Lita y las fámulas, iremos dándole a esta
casona forma de hogar. Ahora es muy fría, le hace falta el calor de una
familia.
- Poco a poco le imprimirás a esta
mansión tu personalidad y la de tu familia, todos nos iremos acostumbrando a
este País, aunque para Marcos, Domitila y yo; el idioma será la mayor
dificultad, estoy segura que aprenderemos el inglés.
-English, madre, desde ahora dilo
bien. Madre e hija rieron y se besaron.
Don Hernando, Marcos y Francisco; se hallaban en el
pórtico haciendo planes para ir de pesca cuando los gritos de Lita y Ernestico
llegaron hasta sus oídos.
-¡Papá, mamá!... ¡Mando se ha
perdido!. Gritó Ernestico y Lita agregó:
-¡Estaba con nosotros pero después,
sin que nos diéramos cuenta se apartó!.
-¡Francisco!... ¿Has escuchado a
Lita y Ernestico?... ¡Nuestro Mandito se ha perdido en esta inmensidad!...
¡Pudo haber caído a un pozo, al río, o de alguna terraza!... ¡Por favor, búscalo!.
-Tranquilízate, vamos en pos de
Mando.
Antes de ir en busca del niño, Francisco interrogó a
Paco y a Domitila:
-¿Cuándo se dieron cuenta de que
Mando no andaba con ustedes?.
-Hace apenas un par de minutos -
dijo Paco - fuimos hasta el embarcadero, cuando veníamos hacia acá, Domitila
preguntó por él, fue cuando nos percatamos de su ausencia.
-¡Dios mío!... Pudo haber caído al
río. Volvió a decir Celia, Domitila la calmó diciendo:
-No madrinita, porque él hubiera
gritado y nosotros lo escucharíamos.
Francisco, el gigante, don Hernando y los chicos
fueron al embarcadero en busca de Mando. Domitila, Lita, Celia y su madre
acudieron a llamar a los sirvientes.
Durante quince minutos trataron de encontrar al niño, revisando toda la
propiedad, gritando su nombre, sin resultado.
Esta vez, Celia contuvo las lágrimas tratando de
imaginar que se trataba de otra de las crueles bromas de Armando. Otros quince
minutos pasaron sin que el pequeño diera señales de aparecer. Marcos no pudo
seguirle la pista porque con el ir y venir de todos, habían borrado las huellas
del niño. Uno de los mozos se ofreció para ir a pedir prestados los perros de
caza de un vecino, seguramente ellos darían con el paradero del pequeño.
Francisco aprobó la idea, el hombre fue y volvió acompañado por séis perros y
tres hombres que eran los encargados de los bravos animales. El dueño de los
perros se unió a la búsqueda, los animales siguieron el rastro de Mando hasta
un pozo, Francisco miró aterrado que el pretil del pozo estaba incompleto, seguramente
su hijo se había empinado sobre él para poder ver el fondo y al desprenderse el
borde de tabique, cayó al interior. El caballero abrazó a Celia, sin valor para
decirle lo que estaba pensando. Paco, Ernestico, Lita y Domitila rodearon a la
pareja. Doña Eva se apoyó en don Hernando, Marcos se apresuró para mirar el
fondo del pozo, estaba muy obscuro, nadie pudo ver nada. Un joven de
aproximadamente quince años, extremadamente delgado, se ofreció a bajar. Lo
ataron por la cintura y lo fueron bajando lentamente. Con la ayuda de una
lámpara de gasolina, iluminó el interior, logrando ver el cuerpo inerte del
niño sobre una tubería. Estas tuberías atravesaban toda la finca, proveyéndola
de agua. Dos gruesos tubos evitaron que Mando cayera hasta el fondo del pozo,
aún así, la caída había sido de más de tres metros. Bajaron una tabla sujeta
por resistentes cuerdas en ambos extremos, con mucho cuidado el joven colocó a
Mando en ella para que lo subieran.
Celia, comprendió lo que ocurría, con gran impaciencia esperaba al lado
de sus hijos y esposo que sacaran al niño del pozo. Todos se afligieron cuando
contemplaron el cuerpo ensangrentado de Armando. Celia se aproximó como pudo al
pequeño y sollozando murmuró:
-¡Oh Dios mío!... ¡Gracias!... ¡
Está vivo!.
Efectivamente, estaba vivo, respiraba con mucha
dificultad y emitía leves gemidos. El hablar le causaba gran dolor, con el
mismo cuidado con que lo subieron, lo trasladaron a un hospital.
Mientras los chicos permanecieron con los abuelos en
la finca, sus padres y el gigante partieron con Mando.
Por la tarde, Marcos volvió con la noticia de que
Armando se había roto una costilla, también el brazo izquierdo y además, le
habían tenido que coser una herida en la cabeza. Pasaría varios días en el
hospital, sus padres lo acompañarían.
Doña Eva se encargó de dar instrucciones para
desempacar las pertenencias de su hija y yerno, instalándolas en la recámara de
estos. Luego colocó una muda de ropa y fue con don Hernando al hospital. Los
nuevos vecinos fueron muy gentiles al proporcionarles en calidad de préstamo un
automóvil y su chofer para que los llevara y trajera.
Francisco y Celia, estaban sentados en una butaca
colocada al lado de la cama del pequeño, permanecían en silencio con las manos
entrelazadas. Mediante éter sulfúrico, el médico durmió a Mando para que no
sintiera dolor. Los abuelos entraron en la habitación, vieron a su nieto
tendido sobre la cama, una venda cubría la rapada cabeza, el brazo izquierdo
había sido inmovilizado mediante la aplicación de yeso sobre vendas y de igual
modo le habían colocado un chaleco. Tenía golpes y cardenales en la cara y en
el resto del cuerpo.
-¿Qué dice el médico?. Preguntó en
voz baja el abuelo.
-Nos ha dicho –respondió Francisco –
que su estado es delicado, tendremos que aguardar para saber como evoluciona.
Posiblemente haya una lesión cerebral.
Celia cerró los ojos y lloró en silencio. Su madre se
le aproximó y la envolvió en su regazo.
Cuando los abuelos retornaron a la mansión una
tormenta se avecinaba, Lita y Domitila no querían dormir solas en las recámaras
que a cada una le habían asignado. Doña Eva tuvo que dormir con éllas en la
cama de su hija. Paco y Ernestico, también tendrían una recámara para cada uno,
aunque compartían el mismo baño, se sintieron apartados el uno del otro. Sin
embargo, se hicieron a la idea y trataron de dormir. La tormenta se manifestó
con torrenciales aguaceros, infinidad de truenos y rayos.
En el hospital, Celia y Francisco seguían al lado de
su hijo. En todo el día solo habían tomado agua y un bocado que doña Eva les
había obligado a comer. Periódicamente, una enfermera entraba a la habitación y
revisaba al niño. Luego les preguntaba si se les ofrecía alguna cosa, los Mesa
le preguntaban a su vez, cómo estaba Mando, élla negaba con la cabeza y decía:
-Ya les dirá el médico. Diciendo
esto, se retiraba y los dejaba angustiados sin una respuesta concreta.
Dormitaban en la butaca, cuando un relámpago, seguido
por un fuerte trueno los hizo desperezarse. Francisco se puso de pie
bruscamente y se frotó los ojos porque vió algo irreal. Celia alarmada hizo lo
mismo.
-¡Francisco, ese animal ha entrado
aquí!... ¿Cómo es posible?.
-Tranquilízate, se ha marchado...
¿Lo pudiste ver?.
-Nó, lo que pasó es que percibí su
presencia por su olor y una sensación extraña que me acomete cada vez que él
está cerca de mi. No sé a que se deba.
-Yo lo he visto, bueno vi su sombra,
atravesó la ventana cerrada, creí que era una pesadilla.
-¡Mamáaaaaaaaaaaaaaaaaaa!... ¡Me
duele!... ¡Me duele mucho!. Armando había despertado y se quejaba, sus padres
aproximándose a la cama trataron de consolarlo. Francisco fue en busca de la
enfermera, la cual al principio no le creyó que el niño hubiera despertado.
Cuando lo constató, acudió en busca del médico. El galeno auscultó al pequeño y
verificó que no había lesión cerebral, sus signos vitales eran estables. Lleno
de satisfacción le dio la buena nueva al matrimonio y lo atribuyó a su destreza
médica. Los Mesa no se lo objetaron, estaban felices porque Mando se
restablecería, sería nuevamente el pequeño travieso, inquieto y risueño que
pasaba los días bromeando.
Mando estaba muy incómodo, se quejaba mucho pero
sanaba rápido.
En el hospital solo permaneció esa noche y parte del
siguiente día. Ahora estaba en la casona, era el día previo
a la Epifanía, esa noche según la costumbre, los tres reyes que llevaron
regalos al niño Jesús que nació en un pesebre, traerían regalos a todos los
niños buenos. Los chicos de la casona, andaban entusiasmados, especialmente
Armando, porque sabía que se estaba portando bien; tomaba sus medicinas, no se
ensuciaba la ropa, se dejaba bañar todos los días, se quedaba quieto donde lo
dejaban, porque no le quedaba otro remedio; lo más importante de todo, era que
no discutía con sus hermanos.
Lentamente la mansión adquiría ese calor de hogar que
Celia quería darle, los sirvientes estaban a gusto con sus patrones y todo
marchaba viento en popa. Todavía Celia se desubicaba perdiéndose en las amplias
salas, afortunadamente para élla, siempre encontraba una mano que la rescatara.
Ese día, Mando se sintió mejor y Celia decidió que era hora que durmiera solo
en su habitación. Desde el accidente, élla y Francisco se habían turnado para
acompañarlo por la noche. Dejándolo dormido se retiró a su recámara, escogió
una memorable prenda de dormir color rojo y se la llevó con ella para ponérsela
después de tomar un relajante baño de tina. Francisco tardaría en subir a la
alcoba, estaba ocupado revisando documentos de la empresa, posteriormente
tendría que colocar los regalos de los Reyes en un sitio visible. Cuando el
caballero se desocupó, subió la rampa central de la escalera y se detuvo en el
descanso para contemplar el vitral con la pareja desnuda que se besaba
cálidamente. Rió tontamente y murmuró:
-¡Jajajaja, somos nosotros, tú y yo, por siempre así,
juntos en la vida y en la muerte. Prosiguió su camino, antes de llegar a su
alcoba se asomó a la de Mando y vió que el pequeño dormía plácidamente.
Satisfecho por el exitoso día de negocios, penetró porfín en la antesala de su
recámara.
-Celia, mi mamirriqui... ¿Dónde
estás?. ¿Por qué no sales al encuentro de tu rey?.
-¡Jijijajajó!. ¡Ven tú al encuentro
de tu reina!. Le respondió desde el vestidor.
Francisco fue a su encuentro, la luz del cuarto de
vestir estaba encendida, una lámpara de cristal alemán con ocho bombillas lo
iluminaban.
-¡Uuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuy!...
¡Aaaaaaaaaaaaaaaaaaah!... ¡Ooooooooooooooooooooooh!...
¡Guaúuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu!... Como he sido un buen chico, los Reyes Magos se
han acordado de mi. ¡Qué hermoso regalo me han dejado!. Ven acá, quiero
inagurar mi regalo.
-¿Inagurarlo?... ¿A qué te
refieres?.
-Año nuevo, casa nueva, País nuevo,
mujer nueva. Esta noche vamos a renovarnos.
-Sigo sin entenderte. ¿Qué tratas de
decirme?.
-Será como la primera vez, renovaremos
nuestros sueños, nuestras promesas, nuestro amor. La llevó hasta el lecho
levantándola por la cadera y echándosela sobre el hombro.
-¡Francisco!... ¡Esto no es nada
romántico!... ¡No soy un costal de patatas!. ¡Haz el favor de bajarme o llévame
en brazos!.
-No seas remilgosa, ya hemos llegado
a la cama. La colocó sobre el lecho y mientras élla le desabotonaba la camisa,
él le hacía cosquillas.
Por la mañana, todos disfrutaron de la sorpresa de los
regalos de reyes. Bicicletas, muñecas,
libros, etc; para sus hijos y Domitila, quien era considerada como otra hija.
Para Celia y él, dos automóviles, un Mercedes y un Ford.
Los meses iban pasando, periódicamente recibían cartas
de sus amigos de México y de la Habana. Joselito no dejaba de escribirle románticas
misivas a Domitila, esto motivó a que la muchacha pusiera mayor empeño en
aprender a leer y escribir. Alise y Porfirio vivían juntos, esperaban un crío
para Agosto. Silvanus se había integrado a un grupo revolucionario como médico
y dejó Mérida para ir con ellos hacia el centro del País. Jorge perdió la
hacienda que heredara de su padre, porque los Zapatistas se apoderaron de ella
y la convirtieron en cuartel por algún tiempo, luego la abandonaron; pero antes
de partir prendieron fuego a la construcción. Vestidos como ellos, Jorge y
Porfirio se mezclaron entre la bola y lograron salvar algunos documentos y
prendas de la caja fuerte. Los caballeros recurrieron a todo su ingenio y
valor, fue una aventura en la cual Jorge tuvo necesidad de vestirse de mujer
para evadir a los revolucionarios que casi lo atrapan en la empresa. Francisco
y Celia, les ofrecieron su casa, ellos les agradecieron y les comunicaron que
en el caso de que la situación del puerto empeorara, aceptarían el
ofrecimiento. Por el momento tenían a buen resguardo sus valores económicos,
los cuales habían cambiado por centenarios, que era la moneda de oro
conmemorativa de la independencia mexicana.
Un levantamiento en ciudad Juárez, encabezado por don
Francisco I Madero, fue lo que provocó que el general Porfirio Díaz presentara
su renuncia.
El veinticinco de Mayo de 1911, fue depuesto en su
cargo de Presidente de México. El treintaiuno del mismo mes, en el puerto de
Veracruz, partía a bordo del buque de vapor “Ipiranga”, después de haber
recibido los honores militares y al son de “las golondrinas” [canción popular
de despedida], un gran número de personas se dieron cita en el malecón para
despedirlo. Según se comentaba, muchos países le ofrecieron hospitalidad, entre
ellos estaba España y Francia. Lo más seguro era que se decidiera por Francia,
ya que tenía gran inclinación por la cultura de este País. Ante la noticia
Francisco le comentó a su esposa:
-Si en la década de 1890 se hubiera
retirado del poder, lo aclamarían como uno de los mejores estadistas de la
época. Es una lástima que se retire de este modo, lo tacharán de villano.
-¿Acaso no lo fue?. Preguntó Celia.
Francisco evitó la respuesta y se limitó a invitarla a caminar por el jardín.
-Estamos iniciando la segunda década
de este nuevo siglo, se presenta violento al igual que el anterior. ¿Por qué
los seres humanos no podemos lograr vivir en paz?. ¿Qué les depara el futuro a
nuestros hijos?. ¿A nuestra Patria?. ¿A la humanidad?.
-Mujer, no te afanes por el mañana.
¿Quién te asegura que habrá de llegar?. La única paz alcanzable es la interior,
la que todos llevamos dentro cuando estamos satisfechos de nuestros actos.
Disfrutemos de ella y compartámosla con los que nos rodean.
-Tienes razón, no podemos hacer más.
Cada uno debe buscar su paz, su equilibrio, para luego compartirlo. Espero que
nuestros hijos lo encuentren.
-Estoy seguro de que lo harán, les
hemos inculcado valores morales que moderarán los actos de su vida. Me siento
orgulloso de ellos, ponen mucho empeño en los estudios, tienen nobles
sentimientos. Hasta tu ahijada ha mejorado, la has transformado.
-¡Jajaja!. En eso ha influido mucho
Joselito, que desde la Habana le envía cartitas de amor y la tiene embobada.
Domitila me lee todas las cartas de él, creo que debemos formalizar su
compromiso antes de que Joselito nos la rapte.
-¡Jajajajaja!. ¡Ya me imagino a ese
par de tórtolos! Tendremos que ayudar al muchacho, le conseguiré un buen cargo
en la empresa de Progreso. Es inteligente y honrado, sé que no me quedará mal.
-¿No será peligroso enviarlo a
México?. A pesar de que el general Díaz fue desterrado los conflictos siguen.
-Ay mi mamirriqui... Todo el mundo
está en guerra. Desde China con el fin de la dinastía, la revolución rusa y la
caída del Zar, hasta Latinoamérica que aún no encuentra una estabilidad
política. Peligros hay en todas partes, si no te mata el rayo, te mata la raya
del destino.
-Bueno chico, yo nada más digo que
hay ciertos lugares más peligrosos que otros. ¿Para qué sacarlo de la Habana y
enviarlo a México?. ¿No lo podrías traer aquí?. A
mis padres les daría mucho gusto, desde que su madre murió cuando él tenía diez
años, mis padres se hicieron cargo de él, le quieren mucho al igual que a
Lorenzo y ellos han correspondido a ese querer con respeto y cariño.
-Está bien, le mandaré una carta que
diga que requiero de sus servicios. Pídele a tus padres que lo alojen en su
casa, no quiero poner el fuego cerca de la estopa, porque ya sabes... Viene el
diablo y sopla. Domitila es tu responsabilidad, esperemos que sepa respetarse y
respetarte.
-Estoy segura de que no cometerán
ninguna falta, por si acaso, la pondré sobre aviso.
-Hasta ahora ha resultado ser una
muchacha recatada, agradecida y respetuosa. Me da gusto que sea así, espero que
la presencia de Joselito no la haga cambiar. La estimo, es parte de nuestra
familia.
-Yo también la quiero, siempre está
al pendiente de mí, se lleva bien con nuestros hijos y ahora que está en la
escuela ha mejorado su nivel cultural y sus modales. Cuando Mandito estuvo
enyesado, pasaba muchas horas leyéndole, es noble a pesar de todo el abandono y
malos tratos que sufrió durante su infancia. Ahora que esa etapa de su vida ha
pasado, es libre para mostrar la ternura que guarda en el corazón.
-La ternura que tú le has sabido
inculcar. Gracias a tí, ha logrado ser lo que es ahora. Hace apenas un año que
andaba huérfana por las calles polvorientas de Progreso, expuesta a todos los
vicios y maldades de los hombres de puerto. ¿Qué hubiera sido de ella si tú no
la hubieras traído con nosotros?.
-No quiero pensarlo, gracias a Dios
está con nosotros. Bueno chico, dejemos a Domitila en paz, volvamos a casa,
quiero mostrarte unos vestidos que la costurera me entregó esta mañana, son
para nuestro próximo viaje a Europa. Recuerda que esta vez me prometiste que
iríamos a Italia, deseo conocer Roma y Venecia, son las ciudades que más me
atraen y nunca me has llevado.
-Recuerda que tú también me
prometiste que antes que nada, iríamos a París para que el médico amigo de
Silvanus te examine los ojos, posiblemente él te pueda curar.
Celia entristecida bajó la cabeza y volteó la cara, él
se la levantó cogiéndole la barbilla y dijo:
-Qué quieres, me preocupo por tu
bienestar, ya que tú no lo haces. Siempre será así, tu felicidad es también la
mía y sé que a pesar de todo, aunque trates de ocultarlo, estando así no eres
plenamente feliz. ¿Tengo o nó razón?.
-Está bien querido, haremos lo que
tú digas.
Se volvieron a coger de la mano y siguieron caminando
por el jardín con los dedos entrelazados.
EPÍLOGO.
LOS AMANTES Y SU HERENCIA.
Muchos años pasaron, Francisco seguía disfrutando de
su Dama y de su fortuna. Junto con Jorge que ya era abuelo de cuatro nietos y
Porfirio que tenía tres encantadoras hijas, emprendió la aventura en el negocio
de los “Cruceros Turísticos”.
Los padres de Celia, don Julio, Silvanus y doña
Marianita; pasaron a mejor vida. Joselito y Domitila estaban casados, eran
padres de dos niños uno de quince llamado José Francisco y otro de trece años
llamado Luis Celio. Paco, Ernestico, Lita y Mando también estaban casados.
El Licenciado Francisco Mesa Monteagudo vivía en una
ciudad franco-canadiense llamada Québec, su esposa era una francesa muy
liberal, poseía dos niños y una niña llamados Paco de once, Hernando de nueve y
Colette la pequeña de cinco años.
El doctor Ernesto, especialista en enfermedades de los
ojos, radicaba en Miami, una próspera ciudad estadounidense de la Florida. Se
había casado con una cubana llamada Arnalda y era padre de dos niños, Ernestico
de siete y Marcos de cinco años.
La reconocida pintora y catedrática universitaria de
arte Celia Mesa, se casó con un prominente hombre de negocios de origen
alemán, vivía en París; era madre de
cuatro niños y dos niñas. Fransuá y Eva
eran gemelos, tenían ocho años, Porfirio tenía séis, Adolf cuatro, Lita dos y
el recién nacido que se llamaría Armando, tenía apenas cinco meses.
El también Licenciado Armando Mesa, como testimonio de
su paso por el mundo, dejó en la orfandad a tres pequeñas. Se casó con una
mexicana, vivió en el puerto de Veracruz México, su hija mayor se llamaba
Eulalia de cinco años, le seguía María de tres y Virginia de un año. Para Celia
y Francisco, la muerte de Armando a causa de una pulmonía fulminante fue un
terrible suceso que le provocó al caballero Mesa un infarto del cual logró
recuperarse gracias a los cuidados de su esposa. Estuvieron acompañando a
Celita cuando nació su último hijo, pocos días después, estando en París,
recibieron la fatal noticia de la muerte de Armandito. Como hemos dicho,
Francisco sufrió un infarto al enterarse y cuando estuvieron en posibilidad de
viajar, retornaron hacia América, a México y en compañía de la viuda de su hijo
visitaron la tumba. Posteriormente, Francisco dió instrucciones a Paco y
Ernestico, para que se hicieran cargo de la empresa y se apartó de todo y de
todos junto con Celia.
Vivían en su nueva “Casita del Amor”, disfrutando de
su mutua compañía, ahí, cerca de Tulún, una ciudad Maya desconocida para todos
menos para ciertos arqueólogos, sobre un acantilado, con una hermosa vista al
mar y a una caleta, la pareja de cincuentones, poseía un pequeño refugio en el
que se escondían del mundo para disfrutar de su amor y olvidarse de las penas.
Sus hijos, Marcos, que siempre siguió viviendo al lado
de éllos y Domitila junto con su esposo, eran los únicos que tenían
conocimiento del lugar.
Desde la muerte de su hijo menor, se encontraban
apartados de todas sus amistades y negocios.
pasaban los días pescando en la caleta, remontando las
apacibles aguas en una canoa para admirar la vegetación y la fauna tropical, se
recostaban en una hamaca y Francisco leía para su esposa poemas, novelas,
artículos científicos etc. Cuando el calor era sofocante, iban hasta un senote
y nadaban desnudos para refrescarse. Domitila los visitaba cada dos semanas
para limpiar la pequeña casita de dos habitaciones y Marcos la acompañaba. Les
llevaban provisiones y algunos libros, folletos y revistas. También les
entregaban las cartas de sus hijos y se llevaban las cartas que el matrimonio
les escribía a ellos.
A este lugar solo se podía acceder a lomo de bestia o
por el agua. Todos estaban preocupados por la pareja, porque en el caso de una
emergencia estarían solos, aislados, si Francisco sufría una recaída, Celia en
su condición no podría ayudarlo. Trataron de persuadirlos para que volvieran a
la casona de Nueva Orleáns, Paco y Ernestico los habían visitado una sola vez,
cuando ya tenían tres meses de estar viviendo así. Habían ido por separado,
ambos les rogaron que volvieran al mundo civilizado. El matrimonio les
agradeció el interés y los despidieron amorosamente, sin hacerles caso. Lita en
una emotiva carta, se unió a las súplicas de sus hermanos, tampoco tuvo éxito.
Celia y Francisco, estaban seguros de que no les
ocurriría nada, porque desde su llegada, la primera noche, el protector de
Celia, el jaguar se presentó en el lugar para darles la bienvenida. Todos los
días, el caballero lo veía a distancia y Celia lo percibía antes de que su
esposo lo pudiera ver. Un día, cuando una víbora estuvo a punto de morderla, el
jaguar apareció como por arte de magia y se hizo cargo del reptil.
-Querido... ¿ Cuántos meses llevamos
aquí?. Perdí la cuenta. Le preguntó Celia mientras mordía una manzana. Traía
como única prenda de vestir un hipil rojo con cenefas bordadas en azul y
amarillo. Estaba sentada junto a él, al borde de una piedra de la caleta y
tenía los desnudos pies dentro del agua. Francisco llevaba puesto un calzón
blanco que le llegaba a media pierna y trataba de pescar el almuerzo.
-Por las fechas de las revistas que
nos han traído, creo que tenemos cinco meses de estar aquí. ¿Por qué me lo
preguntas?... ¿Ya te aburriste?.
-Nó amor, jamás me cansaré de estar
a tu lado. Lo que pasa, es que pensé en nuestro nieto Mando y quería calcular
su edad.
-Mando, Mando, Mando, Armando. -dijo
Francisco con tristeza- Me cuesta
trabajo saber que se ha marchado antes que nosotros. Mi hermoso hijo, lleno de
vida, con tantas cosas por hacer y disfrutar, muerto por una infame enfermedad.
Lo recuerdo de niño, travieso e inquieto. De jovencito, cuando sobrevoló la
casona y desplegó una manta que decía... “LOS AMO”. Aquella vez, quiso
aterrizar su aeroplano en la calzada principal.
-Me acuerdo, una de las alas del
aeroplano golpeó un roble y se estrelló. Tuvo la pierna derecha enyesada ocho
semanas.
-¿Recuerdas cuando quería ser
acróbata?. Esa vez, se dislocó la clavícula y se fracturó tres dedos de la mano
derecha.
-Querido, nuestro hijo hizo muchas
tonterías y a todas sobrevivió. Pero, nuestro destino está marcado y cuando dice
hasta aquí, no hay vuelta de hoja. Mando se ha ido y nosotros seguimos vivos.
Tenemos que afrontarlo, no hay más remedio.
-Ay mi mamirriqui, hago todo lo que
puedo. Estar en nuestro refugio me ayuda, estoy tranquilo. ¿Te has dado cuenta
de que ya no lloro?.
-Sí, me he dado cuenta de que no lo
haces delante de mí, ahora te metes en la letrina.
-Celia, mujer, estás en todo, ves
más que muchos. Con el tiempo te has vuelto más perceptiva, a veces, antes de
que te pregunte algo, tú me estás dando la respuesta. El día que Armando murió
te empeñaste en que algo le había pasado y eso que estábamos a kilómetros de
distancia. Luego, antes de que lleguen Marcos y Domitila tú lo sabes, te
desplazas de un lado a otro con tanta seguridad que a veces se me olvida que no
vés... ¿Cómo puedes hacer todo esto?.
-Querido mío, no lo sé, supongo que
por la falta de uno de mis sentidos, los demás se han desarrollado para
suplirlo. Ernestico, dijo la última vez que me examinó que la retina se había
lesionado a causa de una hemorragia, que no hubo desgarre. Él y sus colegas, no
se explican por donde veo, yo les digo que sí puedo ver un poquito. Ellos dicen
que otra persona con el tipo de lesión visual que tengo, no vería nada. ¿Cómo
podemos explicarnos esto?.
-Es algo que escapa a nuestra
comprensión. Ahí tienes a tu guardián, desde hace más de veinte años te
protege. ¿Cómo es posible?... Esos animales no viven tanto. Estoy por creer que
es un nagual. Cuando lo pienso y recuerdo que te ha visto desnuda, me acometen
los celos y quisiera matarlo.
-¡Jajajajajajajaja!...
¡Francisco!... ¡Me das risa!... ¡Tengo más de cincuenta años y peino canas!.
-Eso que importa, para mí sigues
siendo la mujer de diecisiete años, dulce, tierna, delicada, que se entregó a mí
por primera vez. Te amo y me da coraje que ese animal, nagual, o, lo que sea;
te vea.
-¿Por eso no quieres que vayamos a
nadar?.
-Sí es por eso. ¿Y qué?... Búrlate
todo lo que quieras, ese animal me es antipático y un día voy a darle su
merecido.
-¿No te importa que muchas veces me
haya salvado la vida?. ¿No se lo agradeces?.
-¡Eso no le da derecho a
espiarte!... O qué... ¿Te gusta que lo haga?.
-Bueno chico, claro que nó. Me hace
sentir incómoda, me avergüenza. Siento como si fuera humano, luego, me pongo a
pensar y me digo... Los naguales no existen, es mi imaginación. Tú deberías
hacer lo mismo, porque... ¿Verdad que no existen?.
-Espero que nó, porque a estas
alturas lo dudo. Una de las cosas que más me ha impresionado, fue aquella
cuando estabas muy grave y don Octavio quería extraerte nuestro crío. Tú
soñaste con un hombre que se presentaba para ayudarte y yo vi al jaguar.
Siempre he tenido la idea de que ese sueño y la presencia del animal estaban
relacionadas, Domitila lo vió, yo no lo imaginé.
-A mí me impresionó cuando estábamos
en el hospital velando a Mandito, ¿recuerdas cuando se cayó en el pozo?.
-Sí,¿ cómo olvidarlo?.
-No te quise decir nada, pero esa
noche supe que el jaguar era un ser sobrenatural.
-Estoy casi seguro que se trata de
aquel famoso curandero llamado Juan Chostil.
-Francisco, está por picar un pez,
será mejor que pongas atención, recuerda que es nuestro almuerzo.
-No veo nada, pienso que esta vez te
has equivocado.
-No lo creo, pon atención y lo
verás.
-Oh Celia, aquí está, ya viene...
¿Cómo lo haces?. Esto ya sobrepasa la intuición.
Se comieron su pescado asado, envuelto en una hoja de
acuyo y después se internaron por los selváticos senderos que bordeaban la
caleta. Por el camino encontraron un platanero y Francisco cortó una penca para
llevarla a la casa, esto era cosa de todos los días, siempre hallaban algo por
el camino, cuando no eran guayabas eran cocos, mangos, aguacates, etc.
Caminaban abrazados, demasiado juntos, sin pudor ni
recato, haciendo caso omiso a las buenas costumbres. A veces, se comportaban
como chiquillos y se ponían a jugar en los árboles, ya jadeantes, se tiraban
sobre la hierba y escuchaban los sonidos del entorno tratando de percibir hasta
los murmullos más insignificantes. Una tarde Celia le dijo a su esposo:
-Querido, quiero que esta Navidad
todos nuestros hijos con sus respectivas familias, se reúnan en la casa. Les
haré una magnífica cena y pondremos un enorme árbol lleno de regalos para
nuestros nietos.
-Seguramente también querrás que me
vista de Santa Closs. ¿Me quedará bien el disfraz?.
-Creo que te quedará grande,
últimamente has perdido peso. ¡Jajajajaja!... ¡Serás un Santa Closs
desnutrido!.
-Vaya, vaya; tendré que ponerme en
forma para volver a estar hermosísimo... ¿Me ayudarás en mi empresa?... ¿Me
quitarás la dieta?.
-Sí, cómo nó; los médicos fueron muy
claros. Chico, ahora más que nunca debo cuidar de tu alimentación, no me harás
ceder a tus glotonerías.
La tarde presagiaba tormenta, se apresuraron a volver.
Las primeras gotas de agua los sorprendió en el pórtico de la casita. Celia
preparó una sencilla cena que comieron sentados en una hamaca.
-Querido, qué modales, esto jamás se
lo hubiéramos permitido a nuestros hijos, comer sin cubiertos y semidesnudos
sobre una hamaca no es correcto. Eres un chico malcriado, mira nada más lo que
me obligas a hacer. No debería permitírtelo, te estoy consintiendo mucho.
-Qué más da, nadie nos ve. Déjame
saborear la comida, te quedó sabroso el salpicón de carne. ¿Tendrás por ahí
otra tortillita y más aguacate?
-Claro que nó, solamente palmeé
tres, dos para ti y una para mí; tú te comiste la mía y también devoraste la
porción de aguacate que me tocaba. ¡Jajajajaja! ¡Me asustas, creo que si
seguimos aquí terminarás por comerme!.
-¡Jajajajajajajaja! ¡No te preocupes,
no me gustan los huesos!. Pensándolo bien, puede ser que me coma tus caderas,
es el lugar en donde tienes más carnita!.
-Mira nada más qué plática mas
ilustrativa, nos estamos convirtiendo en unos salvajes, si seguimos así,
vendrán los de la revista “Life” a tomarnos fotografías creyendo que
pertenecemos a una raza extinta de nativos caribeños.
-¡Jajajajajajajaja!... Te haré un
vestido con las hojas del platanero y luego, yo me haré otro con la piel del
jaguar.
-Déjalo en paz, te estás obsesionando
con él. Ultimamente, siento como si nos quisiera advertir de algún peligro.
-Por ahora el único peligro
eminente, es la tormenta que amenaza con desatarse, el cielo está negro y se
ven los relámpagos sobre el mar.
Un repentino viento agitó la vegetación e hizo que los
postigos de las ventanas se azotaran. Francisco se apresuró para cerrarlas y
colocó una tranca a cada una; luego hizo lo mismo con la puerta. La tormenta
llegó acompañada de un fuerte viento, para iluminar el interior de la casa Francisco
encendió una lámpara Cóleman.
-Mi mamirriqui, qué noche tán
romántica, truenos, rayos, viento, creo que se trata de un huracán; esto me
inspira. ¿Trajiste tu camisón rojo?.
-¡Chico!... Quítame tu mano de ahí, recuerda que el médico dijo
que nada de nada. Reposo, mucho reposo. No quiero que tengas una recaída, nada
de exaltaciones, ni de preocupaciones.
-Si el chico quiere jugar, es señal
de que está bien, por varios meses no ha retozado, déjalo echar una canita al
aire. ¿Sí mi mamirriqui?... Por favor dí que sí.
-Está bien, el chico traveseará,
aunque será sin el camisón rojo porque eso deschaveta mucho al chico y le puede
hacer daño. Además, él no se debe fatigar, así que será una sola vez, porque la
chica lo ama tanto que no quiere que le pase nada malo. ¿Entendido?.
-Sí chica, ahora dame un beso de
esos que hacen que los hombres quieran tener críos.
Varios días después... Una esbelta y hermosa figura
femenina de ojos verdes, cabello castaño, piel color de rosa, con un ceñido
vestido negro; desembarcaba de una canoa acompañada por dos caballeros.
Domitila venía con éllos y Marcos se apresuró a darles la bienvenida. Al término de un prolongado abrazo,
múltiples besos y abundantes lágrimas; la dama preguntó:
-Tío Marcos, serías tán amable de
mostrarnos... ¿Dónde descansan nuestros padres?.
-Venir hijos, Joselito y yo poner
juntos a señoita Celia y amigo Fancisco en lo alto del acantilado.
Mientras caminaban los jóvenes interrogaban al
gigante.
-¿Tú los encontraste?... ¿Estuvieron
muchos días así?. Preguntó Ernestico.
-Yo llegar tempano, en la mañana, yo
estar peocupado, haber una fuerte tormenta la noche anterior y un jaguar anduvo
por mi casa, eso me dio mala espina. Por eso a primera hora, yo venir pa acá,
cuando yo llegar al pórtico, fuete olor de combustible quemado llegar a mí,
entonces romper ventana con tronco y entrar a casa.
Ahogando un sollozo Francisco preguntó:
-¿Ya estaban muertos?. ¿No pudiste
hacer nada por éllos?.
El gigante secó una lágrima que le rodaba por la
mejilla y prosiguió:
-Muertos, tan fríos como el hielo,
abrazados como si fueran uno.
Marcos suspiró y añadió:
-Pa separarlos, haber tenido que
romper huesos, yo no querer hacer eso.
-Tío, hiciste lo correcto, estoy
segura de que mis padres deseaban eso, han muerto juntos y descansan juntos en
la misma tumba. Dijo Lita entre lágrimas.
-Yo hubiera querido arreglar los
cuerpos de mis padres, sí mi “padres”, porque eso fueron para mí - dijo
Domitila - pero sus cuerpos estaban entrelazados y apuradamente si los pude
peinar, entre José, Marcos y yo; los envolvimos en la misma mortaja.
-Aún no entiendo... ¿Por qué mis
padres no recordaron lo peligroso que es dejar una lámpara encendida en una
habitación cerrada?. ¡Tantos años de acampar!... ¡De dormir en carpas!... ¿Cómo
pudo olvidar la maldita lámpara?. Les reprochaba Ernesto.
-Aquí estar sepultura, yo poner
lápida ayer. Dijo Marcos deteniéndose frente al blanco sepulcro. Lita leyó en
voz alta la siguiente inscripción:
-“Aquí duerme Francisco Mesa
Rodríguez
al lado
de su Dama Fortuna,
Celia
Monteagudo Pérez de Corcho.
Vivieron
para amarse y amándose murieron.
Por eso
ban juntos hacia la eternidad”.
-No hay fechas, debemos añadir las
fechas de sus nacimientos y de su defun
ción.
-¿Para qué hacerlo Paco?. ¿Qué
importancia tiene?.
-Paco, creo que Lita tiene razón,
qué más da la fecha, esa la llevaremos nosotros grabada en la memoria.
-Paco, estoy de acuerdo con tus
hermanos, si mi opinión es válida, creo que esta lápida debe quedarse así.
-Está bien Domitila, Lita,
Ernestico, dejémosla así. Mandaremos a construir una ermita, para que la
sepultura no quede a la intemperie. ¿Están de acuerdo?.
Los tres jóvenes aprobaron la idea de Paco. Luego,
Lita se percató que muy cerca de la tumba de sus padres, había otra sepultura
sin lápida y preguntó a Marcos con curiosidad, señalando con el índice derecho
mientras arqueaba las cejas:
-¿De quién es esa sepultura?. Parece
reciente... ¿Quién está enterrado ahí?.
-La misma mañana que encontrar
muerto a tus padres, encontar muerto a jaguar. Nosotos enterarlo poque él
salvar muchas veces vida a señoita.
-No nos consta que sea el mismo
animal. Dijo Ernesto en tono despectivo.
Francisco se encogió de hombros y con una mano se
acarició la barbilla mientras que con la otra se alisaba el cabello.
-¿Qué haremos con él?. ¿Lo dejaremos
dentro de la ermita o lo echamos fuera?.
Domitila y Lita salieron en defensa del animal. La
primera dijo:
-Yo creo que no era un animal común
y corriente, tengo mis motivos para pensar que fue una especie de guardián de
nuestros padres.
-Pienso igual que Domitila, dejemos
que descanse al lado de éllos y pongamos una placa que diga:
-“Aquí yace el guardián de la Dama,
que fue la fortuna del Caballero”.
-Ay Lita, hermanita, tienes cada
idea, que no sé cómo es que tu cabeza no explota.
-Ernestico no te burles, Lita y
Domitila me han convencido. Ese jaguar quedará al lado de nuestros padres y
tendrá su placa. Esto es una democracia y por mayoría te hemos ganado.
Lita y Domitila sacaron sus rosarios y arrodilladas
empezaron a rezar, todos las imitaron y después entraron en la pequeña casa
para empacar las pocas pertenencias del caballero y la “Dama”. Ernesto,
Francisco y Celia; se admiraron de la forma en que estaban viviendo sus padres.
Ni siquiera poseían un radio. ¿Cómo pudieron soportar el aislamiento por tantos
meses?. Solo éllos sabían la respuesta y se habían marchado con ella. Lo demás
serían solo conjeturas. Se despidieron del tío Marcos, prometiendo que lo
visitarían con frecuencia. Él se quedaría viviendo en la casita del acantilado,
nadie objetó su decisión.
Meses más tarde... Domitila en compañía de sus hijos
iba a visitar a Marcos, quería ver como estaba quedando la ermita que se
construía en el acantilado. Sentada en la proa de la barca, recordaba el
pasado:
-Benditos sean mis padrinos, de no
haber sido por ellos... ¿Qué sería de mí?. Desde el principio mamá Celia me
cogió cariño, papá Francisco se enorgullecía de mi porque obtenía buenas notas
en el colegio. Cuando me casé mamá encargó el ajuar de novia a París, papá
Francisco quiso que la misa fuera en la catedral, hicieron una gran fiesta,
invitaron a mucha gente importante, me trataron siempre como una hija, cuánto
les extraño, me hubiera gustado tenerlos muchos años más entre nosotros,
cuidarlos en su vejez.
Verdaderamente se amaban uno y otra; aunque papá
Francisco algunas veces cedió a las tentaciones de otras mujeres, mamá Celia
jamás se quejó. Salía a la terraza de su habitación con el tejido, pasaba horas
y horas esperando a que él llegara. A pesar de que la terraza era techada, las
noches eran frescas y el sereno le podía hacer daño; a mi me preocupaba mucho
porque a veces él no volvía hasta muy entrada la noche. Le llevaba un chal para
abrigarla y le rogaba que comiera algo, siempre estaba serena, tranquila, nunca
mostró estar celosa, continuamente disculpaba a su esposo aludiendo a que
seguramente se encontraba trabajando. Todos sabíamos que no era así, élla
también lo sabía. Yo me enojaba mucho, en ese momento aborrecía a papá
Francisco y me enfadaba que mamá fuera poco enérgica con él. Luego, al día
siguiente lo veía a él tán amoroso, gentil con élla, protegiéndola, mimándola,
besándo el suelo que élla pisaba. Me daba cuenta que a la única mujer que
amaba, era a élla y entendía porqué siempre lo perdonaba y se hacía la occisa
con respecto a los deslices de papá.
Domitila recordaba de éste modo a sus padres
adoptivos. Cuando la lancha llegó al embarcadero, contempló el despliegue de
actividad que había en el lugar. La obra estaba casi concluida, faltaban los
detalles de acabados de muros, las ventanas, la puerta y el piso. Del brazo de
Marcos y seguida por sus dos muchachos se aproximó a la construcción para
rezar.
En Nueva Orleáns, Lita se encontraba en lo que antes
fuera la habitación de sus padres y ahora era la suya. Después del nacimiento
de su hijo Mandito, sus padres, temerosos del panorama que Europa presentaba
para un futuro próximo, le pidieron a élla y a su esposo Adolf, que regresaran
con ellos a los Estados Unidos. La repentina noticia de la muerte de su hermano
pocos días después de la llegada de su hijo al mundo, provocó que Adolf y élla
aceptaran la invitación. Adolf se dedicaba a la manufactura y distribución de
partes automotrices, quería incursionar en la fabricación de turbinas para
aeroplanos. Francisco le propuso apoyarlo en el nuevo proyecto y el yerno pensó
que América era el lugar indicado para emprenderlo. Lita pensaba en todo esto y
también en su infancia y juventud:
-Ah, cuánta falta me hacen mis
padres, ahora que el ave torna al nido, éllos ya no están. Mis pequeños corren
y ríen por toda la casona, sus abuelos estarían felices de verlos y
escucharlos. Viví diez años lejos de éllos, nos veíamos solamente dos veces al
año, siempre era porque iba a parir o porque alguno de los chicos cumplía años.
Mis padres, fueron buenos, estuvieron al pendiente de todos. Mamá fue una hija
ejemplar y una madre admirable. Papá era bondadoso y por enzima de todo y
todos, siempre estábamos nosotros y “su mamirriqui”, la tenía en un pedestal y
él era su escabel. Cuando nos empezamos a casar y a irnos de la casa, él dejó
prácticamente los negocios para dedicar más tiempo a estar con mamá. Ella casi
no hacía vida social, pasaba mucho tiempo disfrutando del jardín, del río y de
la casa. Creo que prefería el jardín a la casa, papá era el que estaba
orgulloso de su mansión, se amaban tanto que a pesar de las pocas diferencias
que tuvieron y de los devaneos de papá, sus almas permanecieron unidas. La
muerte se los llevó juntos para que ninguno sufriera la ausencia del otro.
Cuando el telegrama de Ernesto llegó a París y nos
enteramos de la muerte de Armando, me dí cuenta del gran amor que tenían por
cada uno de nosotros, pensé que las mujeres éramos más apegadas a los hijos
porque los llevamos nueve meses dentro. Que equivocada estaba, el hombre que
verdaderamente ama a su mujer, ve el reflejo de ese amor en los hijos, así me
lo demostró mi padre cuando lo vi llorar por Armando. Pobre papá, cómo lloró
por Mando, mamá también lo hizo pero cuando le vino el infarto a papá, élla se
sobrepuso a la pena y volcó toda su atención en él.
Dejemos a Celia con sus pensamientos y trasladémonos a
un lugar de la Florida llamado Miami:
-Debo darme prisa, Arnalda estará
preocupada. Si no fuera por la llanta pinchada, ya hubiera llegado. Este
automóvil corre como rayo, me gusta correr, aunque sé que es peligroso. Papá
decía que no debíamos arriesgar la vida de balde, por eso tuvo muchos disgustos
con Armando. Ahora ninguno de los dos está vivo, el que siempre tentó a la
muerte arriesgando su vida, murió por enfermedad y el que fué cauteloso y
previsor, murió por un estúpido accidente. Qué ironía y además, no se marchó
solo, se llevó a mi madre. Mi pobre madre, posiblemente ni siquiera se dió
cuenta de que él había encendido la cóleman. ¿Por qué?... Tenía muy buen
olfato, élla le hubiera advertido. ¿Qué pasaría?. ¿Será cierto de que el
destino está marcado?. Si fuera verdad lo del “guardián” ... ¿Por qué no los
salvó?.
Lo único que me consuela es que no sufrieron, se
quedaron dormidos en un mortal sueño. Uf, los extraño, los amaba, estudié
medicina con la esperanza de curar a mamá, aunque élla y nosotros nos
acostumbramos a su ceguera y nos resignamos, mi padre siempre tuvo la idea fija
de que algún día élla recuperaría la vista. La ausculté, le hice varios
estudios, por eso supe que estaba destinada a quedar ciega tarde o temprano,
porque el golpe que aquel tipejo le dió fue solo un pretexto. Tenía un
padecimiento vascular, que por cualquier esfuerzo la dejaría ciega. Es más, no
sé como pudo seguir viendo después de parirnos.
Se lo dije a mi padre, él se quedó pensativo y no me
dijo nada en ese momento, pocos días después se me aproximó y en privado me
dijo: -Tu madre es una mujer excepcional, Celia recuperará la visión a pesar de
lo que tú digas. -Y, así fue; porque de un tiempo a la fecha, ella veía.
¿Cómo?... No lo sé, como médico puedo constatar que el tipo de lesión ocular
que padecía a cualquier otra persona le hubiera impedido ver hasta la luz. Sin
embargo, mi madre se detenía frente al espejo, se acomodaba los cabellos, se
arreglaba la falda del vestido al igual que lo hiciera cualquier persona sana.
Ah, mis padres, eran como un solo ser dividido en dos.
Recuerdo nuestras vacaciones, siempre viajábamos a
sitios indómitos, poco explorados, a veces pienso que aprendimos más viajando
que en la escuela. Quiero compartir con mi esposa e hijos la experiencia de
viajar, ahora que tengo a mi disposición el yate de mis padres, los llevaré de paseo,
iremos primero a la Habana, Lorenzo nos dijo en sus cartas que la posada de mis
abuelos la ha convertido en un elegante hotel. Se llama “Habana Tropical” y
ofrece atractivos espectáculos musicales por las noches. Mientras los niños
duermen, Arnalda y yo podremos echar una alpargata. Después de la Habana,
iremos al lugar donde reposan los restos de mis padres y emprenderemos un
recorrido por el mundo Maya, espero que a los chicos les guste tanto como a mí.
Así pensaba Ernesto, pero más al norte, en otro País,
en una fría ciudad llamada Québec:
-Brúuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuf,
aaaaaaaaah, uuuuuuuuuuuuuy, ooooooooooooh. ¡Hoy si que hace frío!... Con la
lectura del testamento de mis padres, perdí muchos días en Nueva Orleáns, ahora
debo ponerme al corriente en los asuntos de la naviera. Mi padre me hizo
responsable del fideicomiso de las casas hogar para huérfanos. Tengo que seguir
patrocinando la construcción de estos edificios, Lita y Ernesto están
dispuestos a darme su ayuda económica para aumentar el fondo fiduciario. Papá
jamás tocó un céntimo de lo que el tío abuelo dejó para esta labor altruista,
él hizo su fortuna por medio de los barcos. Esa fue su herencia material.
Recuerdo cuando salimos de la Habana, estábamos sin dinero, aún así, no cogió
dinero del tío abuelo para remediar nuestra situación. Era como si no existiera
tal fortuna. Mis hermanos y yo haremos lo mismo, sobreviviremos únicamente con
el producto de nuestro trabajo y esfuerzo, para eso nos procuró una profesión
esa es la verdadera herencia, los valores, los principios que nos infundieron.
Este invierno llevaré a mi familia al sureste de
México, quiero que lo conozcan. Después visitaremos la Isla, desde que salí de
ella no he vuelto. ¿Existirá todavía la “casita del amor”?. Ah, los recuerdos
de mi infancia, que feliz fuí al lado de mis padres y abuelos. Que hermosa
herencia nos han dejado.
El testimonio de una vida honrada, de su amor, la
fuerza de ánimo de mamá, la rectitud de mi padre en los negocios, su justicia
hacia los trabajadores, en 1913 era de los pocos patrones que pagaba la jornada
de ocho horas a ocho dólares. ¡Todos querían trabajar para él!. En la mayoría
de las fábricas y empresas, la jornada era de catorce y quince horas y se
pagaba a tres y a cuatro dólares. Esos tiempos han terminado, ahora los
sindicatos mandan, el empleado, el obrero, ya no es explotado.
Espero que cuando vaya a visitar la tumba de mis
padres, la ermita esté terminada. ¡Ah padres!. ¡Gracias por heredarnos tan
bellos recuerdos de ustedes!.
Durante la década de los treinta, la segunda guerra
mundial se desarrolló afectando principalmente a los países europeos. El
negocio de Adolf, “fabricación de turbinas” tuvo gran demanda y gracias a ello,
consolidó su nueva empresa. Los tres cruceros de los hermanos Mesa, sirvieron
para transportar a miles de refugiados que emigraban aterrados hacia América.
Muchas veces se les transportaba de manera gratuita o se les cobraba un precio
simbólico de acuerdo a sus recursos. La sociedad “Hermida-Rojo y Mesa” se disolvió
pocos años después de la muerte de Francisco y Celia, convirtiéndose en
“Hermanos Mesa”. Con el tiempo, sus cruceros turísticos se hicieron famosos,
partiendo desde Miami hacia el Norte, Centro y Sur de América.
A la muerte del gigante, los terrenos circundantes a
la casa del acantilado, que eran propiedad de ellos, fueron convertidos en un
parque recreativo, conservando como aria privada la casa y la ermita.
Se cuenta que en cierta ocasión en que unos pillos,
creyendo que la pareja de magnates había sido enterrada con espléndidas joyas,
trataron de profanar el sepulcro. Tremendo fue el susto que llevaron cuando una
sombra negra de aspecto gatuno se les apareció rugiendo ferozmente y los atacó.
Los hombres arrepentidos propagaron lo acontecido por los contornos. De esta
manera, Domitila y su familia se enteraron y lo contaron posteriormente a sus
hermanos.
Todos llegaron a la conclusión de que se trataba del
jaguar, era evidente que seguía siendo el guardián.
La ermita por ahora tenía tres lápidas, la tercera
decía:
“Aquí
duerme un sueño eterno
Marcos
del Rosario.
Gran
caballero de nobles sentimientos
que
valoró la amistad como el tesoro más preciado”.
Con el tiempo, la ermita llegaría a tener más lápidas,
pero por ahora nos quedaremos con la duda de los nombres de sus propietarios.
El 25 de Septiembre de 1933, el caballero y su dama
fueron hallados asfixiados por inhalación de monóxido de carbono. Estaban
desnudos sobre el lecho, hicieron el amor y se quedaron dormidos con sus
extremidades entrelazadas y con un rostro apacible que reflejaba dicha y paz.
FIN DE LA NOVELA.
SECCIONES DE AYUDA