<BGSOUND SRC="musica.mid" LOOP="INFINITE"> LA PRINCESA DE LA PLAYA

 

UNA PRINCESA EN LA PLAYA.

 

ESCRITO POR: Irma Gpe. Vela Meza.

 

Septiembre 2004

 

 

V

 

EL ESTERTOR.

 

Memo y los demás hombres se empezaron a preocupar por la tardanza de la pareja. Esteban fue el primero que sugirió que trataran de localizarlos. Doña Soledad tomó su celular y marcó el número de Serafín, para desconcierto de todos, nadie contestó.

 

Alberto y Memo salieron de la palapa, los buscaron por los entornos cercanos. Raúl permaneció al lado de doña Soledad mientras que Esteban confirmaba que los autos de alquiler aún se hallaban aparcados frente a la palapa.

 

Memo interrogó a una joven que andaba de palapa en palapa vendiendo dulces, la muchacha reconoció haber visto a la “pareja dispareja” subir en una lancha acompañados de tres hombres.

 

Antes de empezar la persecución, Memo sacó un artefacto parecido a un teléfono móvil y lo activó.

 

-Están dentro de la zona, es más, todo indica que vienen hacia acá.

 

-Podemos descansar, lo más seguro es que los tórtolos quisieron echarse una canita al aire.

 

-Alberto, no estaré tranquilo hasta que vea nuevamente al jefe y a la señorita Begonia. Esto me huele mal. Serafín y Begonia no serían capaces de marcharse sin avisarle a doña Soledad.

 

Todavía se hallaban en el embarcadero cuando vieron llegar a Serafín mojado de pies a cabeza. Venía en un cayuco acompañado por un pescador de ostiones.

 

-¡Los hombres del “estertor” se llevaron a Begonia!. ¡Hay que localizarla antes de que le hagan daño!.

 

-Serafín, será mejor que Raúl acompañe a doña Soledad al hotel y que la señora no se entere de nada.

 

-Memo, mi madrina tiene que saberlo, es su nieta, jamás me perdonaría si le oculto la verdad. Activa el localizador para que rastree el chip que lleva Begonia.

 

Doña Soledad fue informada y Esteban se ofreció para ayudar en lo que pudiera. Serafín se lo agradeció y prescindió de él, haciéndolo a un lado. Esteban se mostró disgustado y objetó al principio, luego se resignó y decidió retornar al hotel por su cuenta.

 

Todavía se encontraban navegando cuando el celular de uno de los secuestradores sonó, Begonia escuchó que el hombre respondía:

 

-¡Ahora mismo!.

 

Seguramente se trataba de una orden, porque se encaminó hacia ella y la empezó a despojar de sus alhajas, incluyendo los adornos del pelo.

 

-Es una suerte para ti que no te hayan implantado uno de esos chips en el cuerpo. De ser así, nos hubiéramos visto obligados a cortarte el brazo, la pierna, ya sabes, el pinche pedazo de carne en donde lo tuvieras.

 

Begonia quedó descalza, con el cabello suelto y desolada. Pensaba que Serafín ya no estaba vivo para protegerla y deseaba haber muerto con él.

 

El motor de la lancha se apagó y se dio cuenta de que se aproximaban a una de las residencias de recreo que pertenecían a la zona del “Estero”. Mandinga, el Conchal y el Estero, eran lugares que por su belleza natural, albergaban suntuosas casonas solariegas de magnates. Todas las residencias daban al río o a las lagunas y se comunicaban entre sí por canales. El fraccionamiento semejaba una pequeña Venecia.

 

-Si no fuera por que el pinche cabrón del estertor te quiere vivita y coleando, ya te hubiéramos echado al plato. Eres todo un bocado.

 

Mientras un hombre amarraba la lancha, el que le decía estas palabras comenzó a tocar lascivamente el cuerpo de Begonia. Llegó a correr la cremallera de su bermuda de manta y bajársela hasta las rodillas, pero antes de que intentara despojarla de su braguita, un disparo lo detuvo.

 

-Esto es para que aprendan a respetar lo que es mío. Desháganse de la basura y lleven a la “princesa” a mi habitación.

 

El hombre muerto se había desplomado sobre Begonia y su sangre empezó a mancharle la ropa. Los dos hombres obedecieron al “estertor”. Begonia reconoció la voz del que había disparado, le costó trabajo creer que Esteban la había engañado.

 

-¿Por qué no lo identifiqué?... Dios, es él, pero está tan cambiado, seguramente se hizo la cirugía plástica. Soy una tonta, su voz me recordaba a alguien, jamás lo ligué con el pinche traficante. Parece que en estos años le ha ido mejor, su ropa es de marca y sus modales han cambiado.

 

Oh Dios, espero que no me despojen de mi braguita, el chip está en el moñito del frente, si la pierdo jamás me podrán encontrar.

 

Uno de los hombres le iba a subir la bermuda pero el “estertor” lo detuvo.

 

-Quítasela y tírala al río, cuando termine de satisfacerme no la necesitará. También puedes quitarle la cinta adhesiva, quiero que pueda abrirse de piernas para mí.

 

En estas condiciones, Begonia fue encerrada en la recámara del “estertor”. La habitación estaba amueblada con diseños al estilo oriental. Los muebles estaban laqueados en negro y tenían alegorías de dragones con motivos chinos. La cama era más grande de lo que élla hubiera visto nunca, era indudable que el colchón había sido echo especialmente para ese lecho. El techo tenía espejos, la cabecera de la cama también. Desde diversos ángulos del cuarto, Begonia observó los diminutos lentes de cámaras ocultas. Supuso que en ese cuarto se filmaban videos pornográficos y sintió asco al pensar en los tormentos que mujeres, niños y niñas, habían sufrido en aquel cuarto para satisfacer  los retorcidos gustos de la gente perversa que disfrutaba viendo aquellas cosas. Sobre una mesa empotrada en la pared, había un equipo de cómputo de lo más moderno, el enorme monitor estaba encendido y en él se advertía la misma estancia, era como verse en un espejo. Begonia se dio cuenta de que filmarían todo lo que el “estertor” hiciera con ella, andar en braguita por la recámara sabiendo que observaban todos sus movimientos acrecentaba su temor, así como su enfado.

 

Colocó la colcha de la cama sobre el equipo de cómputo incluyendo el monitor, intentó cubrir los lentes de las cámaras y los espejos, pero algunos estaban demasiado altos para élla así que dejó los pequeños orificios sin cubrir y se dedicó a revisar las cerraduras de puertas y ventanas. Con gran decepción confirmó que estaban aseguradas con sistemas electrónicos y no había modo de abrirlas.

 

Sus labios estaban inchados y lacerados por la goma de la cinta adhesiva, humedeció un lienzo y se limpió la sangre. Trató de encontrar algo que le sirviera como un arma para defenderse del “estertor”, pero los pocos accesorios de la habitación estaban fijados a los muebles. Sin perder la calma, decidió esperar a su captor y enfrentarse a él cuando estuvieran frente a frente. Los minutos se le hicieron horas, estaba conciente que esta vez solo un milagro la salvaría de su destino.

 

-Perdí mucho tiempo rechazando a Serafín, que felices hubiéramos sido, eché a perder cinco años de dicha y ahora no hay remedio. Pobrecito, sufrió mucho con mis desplantes. Perseveró hasta el final, eso demuestra que en verdad me amaba. Hay pobre de mi abuelita, quedará sola, sus dos amores estaremos muertos antes de que el día termine.

 

Begonia escuchó que la cerradura de la puerta se activaba, se puso de pie para enfrentarse con el enemigo. Esteban entró sonriendo, llevaba una bata negra de seda con intrincados dibujos geométricos en los puños y la pechera. La puerta volvió a cerrarse tras él y Begonia se percató que la sortija de Esteban era la llave.

 

Silenciosamente se aproximó a él, sosteniéndole la mirada en todo momento.

 

-Vaya, vaya, la princesa es lista. Sabes que esta vez te será imposible escapar y estás dispuesta a complacerme.

 

Begonia asintió con un lijero movimiento de cabeza y adoptó una pose incitante mientras se desabotonaba la blusa. Esteban empezó a respirar con dificultad y caminó hacia ella con todas sus malas intenciones reflejadas en el rostro.

 

Sacó de la bolsa de la bata una jeringa con el propósito de drogarla. Begonia se percató de ello y actuó con inteligencia acariciándose un pecho para fingir que estaba exitada.

 

-No hace falta, seré tuya y te daré todo el placer que quieras sin necesidad de eso.

 

-Espero que sea cierto, detesto forcejear en la cama para obtener lo que deseo.

 

Se quitó la bata aguardando a que Begonia se acabara de despojar de la blusa y el sujetador. La muchacha lo hizo sin dejar de ver el punto débil de su adversario. Ahora se encontraba exactamente donde élla quería y exponía despreocupadamente su virilidad.

 

Begonia dio un paso atrás y le lanzó con toda su fuerza una doble patada voladora a los genitales de Esteban.

 

El hombre se retorcía de dolor en la alfombra, gritaba, gemía, maldecía. La mujer no se compadeció de él, le lanzó otras tres patadas y una logró darle por debajo de la barbilla haciendo que el “estertor” quedara noqueado en el acto. Antes de que pudiera quitarle la sortija, la puerta y las ventanas se abrieron automáticamente. Escuchó voces y pasos atropellados que acudían hacia el lugar. Begonia no perdió más tiempo, salió corriendo por el ventanal que daba al jardín, iba en braguita, no se detuvo a recoger la blusa y fue lo correcto porque enseguida escuchó los disparos de sus perseguidores. Corrió a lo largo del canal y cuando divisó el río, se echó al agua sin poner atención a los gritos del hombre que la estaba llamando.

 

La casa se encontraba hubicada cerca de la bocana del río al mar. Del otro lado se podía ver el malecón del pintoresco pueblo, Begonia trataría de cruzar el ancho del río a nado para pedir ayuda.

 

Sabía que las casas vecinas estaban desiertas porque antes que la encerraran las estuvo observando y no vió movimiento en ellas. A mitad del camino, se convenció de que el río era más ancho de lo que pensaba y que no lograría alcanzar la otra orilla. Se angustió todavía más, al darse cuenta de que una moto acuática venía siguiéndola. Su instinto de conservación la mantenía a flote a pesar de que estaba sufriendo calambres. Cuando vió al conductor de la moto acuática gritó y se hundió desmayada.

 

El hombre saltó de la moto y la sacó a flote antes de que se ahogara. Trató de retornar a la moto llevando a Begonia con él pero la corriente arrastraba al vehículo hacia el mar. Desde el pueblo llegaron refuerzos para ayudarlos, la moto fue recuperada, ellos fueron subidos a una lancha de pescadores, la policía de la zona también intervino, pero el rescate fue dirigido por Serafín y la armada.

 

Serafín se vió obligado a informar a la armada de sus actividades porque Esteban era un criminal buscado en varios países y había un acuerdo internacional para combatir el narcotráfico y la pornografía infantil. Como no deseaba exponer la vida de Begonia, les pasó la información del escondite del traficante segundos antes de que él y sus hombres entraran en acción.

 

Ahora Begonia estaba con él, la había envuelto en una manta que uno de los militares le proporcionó y la llevaba al encuentro de doña Soledad.

 

-Serafín, creí que estabas muerto. ¿Cómo te salvaste?. Ví cuando te arrojaron inconsciente al agua y te dispararon.

 

-Traía puesto un chaleco antibalas y no estaba sin sentido. Tengo la cabeza muy dura… ¿Todavía no te has dado cuenta?... Un hombre que por cinco años persiste en su anhelo necesita ser muy duro de cabeza.

 

-Perdóname mi amor, no me recuerdes lo injusta que he sido, prometo solemnemente que desde este momento te resarciré por todo el tiempo perdido.

 

La pareja iba en el asiento trasero del auto que Serafín había rentado y Memo lo conducía. Serafín tenía a Begonia sobre sus piernas y la abrazaba con fuerza.

 

-Tu braguita está mojada y la humedad traspasó la manta. ¿Quieres que te la quite? Si te la dejas podrías resfriarte.

 

-Déjala donde está, con el calor que siento ahora soy capaz de secar hasta tu ropa. Recuerda que tú también andas mojado… ¿Quieres que te quite la ropa?... Memo nos dejará tirados a medio camino si lo hacemos. Y… ¿Qué le diríamos a la abuela?.

 

-La verdad… Hoy mismo voy a pedirle tu mano, élla debe disfrutar de nuestra felicidad desde ahora.

 

Así hicieron y se quedaron otro mes en el puerto para rendir declaraciones en contra del “estertor” y gracias a la intervención de Serafín el resto de la banda fue capturada en Tuxpan, otra ciudad del mismo estado.

 

Antes de que abandonaran el país, se enteraron de que el “estertor” había sido asesinado en el interior de la cárcel. Finalmente el hombre no sería enjuiciado y Serafín dedujo que había más gente involucrada, Esteban era solo un eslabón de la larga cadena que formaba la red internacional del narcotráfico y la pornografía infantil.

 

Pero a él no le tocaría descubrirlos porque había decidido dedicarse a sus negocios y dar clases para la academia de policía de su país, como instructor del uso de instrumentos de alta tecnología para la investigación.

 

Como era de esperarse, a la semana de haber vuelto a casa, Serafín y Begonia se casaron en una ceremonia íntima y sencilla, a la cual asistieron algunos editores, escritores y compañeros de Serafín.

 

Un día antes de la boda, mientras retornaban a la casa de doña Soledad después de haber asistido a una fiesta que los amigos les hicieron a modo de despedida de solteros, Begonia sorprendió a Serafín:

 

-Estuve a punto de tener que asistir a la boda con otro vestido.

 

-¿Por qué?... ¿Qué pasó con el vestido que compramos en México?.

 

-Cuando me lo volví a probar me quedaba muy ajustado, ni siquiera me cerraba de la cintura. Ayer lo llevé a la costurera para que lo ampliara, temí que no lo tuviera a tiempo, me dijo que hoy lo podía pasar a recoger.

 

-En México dijiste que estaba holgado y que lo mandarías a ajustar cuando llegáramos aquí. M m m m m m m m m m … Tal vez los anticonceptivos te han hecho subir de peso. No importa, tendré más Begonia para mí.

 

-Tendrás mucha Begonia para ti, pronto estaré redonda como una pelota y no será a causa de los anticonceptivos porque nunca los he tomado.

 

-¿Qué pasa?... ¿Estás enferma?.

 

-Estoy mejor que nunca, pero mi redondez se incrementará cada día, por lo menos durante seis meses más… ¡Estamos embarazados!.

 

Serafín detuvo el auto a un lado de la autopista y abrazó a Begonia con regocijo, recorriendo su cuerpo con tiernos besos y caricias.

 

FIN DE LA NOVELA.

 

 

 

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