POEMA DE AMOR
Todavía no soy; no está maduro
el indecible fruto de mi vida.
Una sorda congoja embravecida
se estrella en mi interior, como en un muro.
Yo sé que permanece intacto, puro,
-breñal de claridad estremecida-
el terrón donde alienta, contenida,
la simiente que aguarda lo inseguro.
Y un día ha de venir: ardientemente
llegará, jugará con el bisoño
brote tardo y plural de adolecsente
una cálida brisa... Y el retoño
se abrira como flor que, triunfalmente,
descubre sus matices en otoño...
GUSTAVO ADOLFO BECQUER.
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