SONETO EN LA ALCOBA
 


Te miraba acostada con mis ojos de bueno

tus ojos aprendían lentamente a soñar,

y tu sueño iba a otro, a tu amor en estreno,

embriagado de fuga, de capricho y de azar.

Me tomaste una mano para palpar tu seno,

tu corazón latía con el mío a la par:

el tuyo acelerado por un amor ajeno,

mi corazón tan cerca, sin poderlo alcanzar.

Así dejé de amarte y empecé a comprenderte.

Sentí que me tocaba como un roce de muerte,

un dolor voluptuoso, pasajero y vulgar.

Y mientras me veías mansamente a tu lado,

yo escapaba en silencio, para siempre alejado.

¡Aunque esta misma noche te vuelva a desnudar!...

   --------------  

 

   Volver al índice