SONETO II
 


Mi corazón se siente satisfecho

de haberte amado y nunca poseído:

así tu amor se salva del olvido

igual que mi ternura del despecho.

Jamás te vi desnuda sobre el lecho,

ni oí tu voz muriéndose en mi oído:

así ese bien fugaz no ha convertido

un ancho amor en un placer estrecho.

Cuando el deleite suma a lo vivido

acrecentado se lo resta al pecho,

pues la ilusión se va por el sentido.

Y, en ese hacer y deshacer lo hecho,

solo un amor lo salva del olvido,

y es el amor que queda insatisfecho.
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